Poder, narcotráfico, impunidad y hacinamiento son algunas de las razones por las que se desató la ola de violencia en las prisiones ecuatorianas. Pero la mañana del miércoles, agentes de la policía descubrieron decenas de cuerpos después de que un gran número de detonaciones de armas de fuego y explosiones se escucharan en varios pabellones del Centro de Privación de Libertad Número 1 en Guayaquil.
Autoridades aseguraron que por lo menos seis de los reclusos fueron decapitados. También informaron que presos lanzaron granadas durante el motín, y que 400 policías fueron necesarios para recuperar el control del centro presidiario.
¿Por qué se escaló la violencia?
De acuerdo con expertos, las razones por las que hay tantas disputas en las cárceles ecuatorianas están ligadas al narcotráfico. Distintas bandas criminales, que se dedican al micro y narcotráfico de estupefacientes, se pugnan el control de la cárcel y de las calles desde hace varios años.
Varias bandas delictivas operan en las cárceles, y como comenta a diarios internacionales, el exdirector de inteligencia militar y ahora analista en seguridad y defensa, Mario Pazmiño, «una es la megabanda de Los Choneros, que está ligada al Cártel de Sinaloa; otras son los Tiguerones, Los Lobos y Los Largartos, que están ligadas al Cártel de Jalisco Nueva Generación».
A esto se añade que el año pasado Ecuador incautó 108 toneladas de cocaína, lo que implica un aumento importante de este negocio ilícito en el país. La posición geográfica estratégica de Ecuador, que está entre los mayores productores de cocaína del mundo (Colombia y Perú), han convertido al país en una salida importante del estupefaciente.