En las últimas semanas, el presidente tunecio, Kaïs Saied, destituyó al primer ministro, al ministro de Defensa, al ministro de Justicia, y suspendió el parlamento. La decisión fue tomada después de una serie de protestas antigubernamentales por, entre otras cosas, mala gestión durante la pandemia.

Kaïs Saied es el actual presidente de Túnez
Todo estalló el domingo 25 de julio, cuando cientos de manifestantes salieron a las calles por el mal manejo del gobierno durante la pandemia por Covid-19. Hubo fuertes enfrentamientos con la policía, pero Saied prometió que respondería a nuevos actos de violencia con fuerza militar.
El lunes, el partido islamista Ennahda incitó a parlamentarios y seguidores a protestar frente al congreso en la ciudad de Túnez. A estas manifestaciones no llegaron tantos protestantes, pero la respuesta del gobierno fue aún más radical.
El gobierno de Túnez congeló el parlamento durante 30 días y despidió al primer ministro Hichem Mechichi.

Horas más tarde, Mechichi anunció que cedería su cargo a quien sea elegido por el presidente. «Para evitar más bloqueos en un momento en el que el país necesita unir fuerzas para salir de esta situación de crisis a todos los niveles».
Túnez: ¿De Primavera Árabe a estado fallido?
La situación en el país africano es convulsa. Se ha denunciado una mala gestión del gobierno durante la pandemia, hay el estancamiento económico del país, se aumentó el costo de vida y, lo que es aún más preocupante, hay una profundamente corrupta clase política.
Sin embargo, hace 10 años, Túnez fue el protagonista durante la Primavera Árabe.

La revolución tunecina desencadenó las revueltas de la Primavera Árabe en toda la región, lo que llevó al comienzo de la democracia en muchos países árabes tras años de dictadura.
Por ahora, la mayoría de los partidos políticos han señalado la medida de Saied como inconstitucional. Desde la coalición de Ennahda, Karama Coalition y Qalb Tounes, hasta la centrista Corriente Democrática, se han opuesto a las decisiones del presidente.
Esta crisis ocurre en medio de una ola de Covid-19, y una economía tambaleante.